En Julio de 1992, la Dra. Lisbeth Quesada Tristán y un grupo de colaboradores crean la Fundación, cuya razón de ser es apoyar los cuidados paliativos en el Hospital Nacional de Niños y en otros hospitales del país.
En Octubre de 1990 se presenta un recurso de amparo por una paciente que enfrentaba un cáncer terminal con mucho dolor pues existía negativa de despachar las dosis de morfina prescritas por la médica tratante, la Dra. Quesada Tristán, pues en ese momento, además de existir escasez de morfina en el país, algunos profesionales, aún no actualizados en la terapia del dolor, consideraban que tales dosis eran poco científicas. El recurso se acoge y se protege el derecho de la paciente a morir con dignidad y sin dolor. La Sala Constitucional se pronuncia en relación con tres aspectos:
Esta resolución marca un hito en la historia del cuidado paliativo en Costa Rica, al punto que podemos hablar en el sentido de antes y después de ella. Esto sirvió para crear conciencia en la población civil y para que las familias que tienen un miembro que enfrenta una enfermedad terminal puedan demandar la atención adecuada y el control del dolor a sus médicos tratantes o a la Seguridad Social.